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Prof. Román Reyes

Non è la felicità che conta?. Non è per la felicità che si fa la revoluzione? [Pier Paolo Pasolini]

 

La página por donde has abierto este libro no es una cosa. Ni siquiera una imagen de cosa. Porque es una página virtual. Sin embargo es texto, contextuado en su particular medio: uso, interpretación y habla (jerga) que genera. Scripta manent. Y estos escritos también permanecen, aunque ‘de otra manera’. En tiempo real, histórico.  El tiempo de ‘lo que acontece’, lo que transcurre. Sobre espacios geométricos y emotivos ‘reales’. Este instante, que pasa mientras escribo. Este lugar en donde hoy despierto, garante de los lugares de la memoria. Mi memoria. Y de la memoria de nuestros antepasados. Un texto cultural, en el más amplio sentido del término. Un texto que da cuenta de una vida en desarrollo, en diálogo (originario) con la naturaleza, Y eso es lo que entendemos por ‘progreso’.

Página virtual, que simula el mundo de las cosas y la organización dentro de ese mundo (supuesto), que es el tuyo. Y el mío. Asume uno, por tanto, un riesgo si abre una puerta. Porque la tentación de lo desconocido atrae más que retiene el miedo a lo que está (todavía) oculto. Ahora (al abrir esta página)  a punto de desvelarse. Para ti. Puede dar comienzo (ahora) un tránsito (posible), desconocido, o descubrirse una vía de escape, de huída, fuga. Ahora. Simulando salto anunciado, cuando se mira hacia dentro. Desde un (protector) afuera. Creyendo ver lo que hay al comienzo de un camino por recorrer. Que es misterio. Y pasión. Por saber y conocer. Un camino por recorrer, al final del que cada lector ha situado su particular Itaca.

Se abre una puerta o ventana, se descubre una brecha en la cosa, porque se siente necesidad de ampliar el campo de visión o de ‘pasar hacia’. Una brecha en cosas que no son cosas, ni juego de cosas (entre cosas).

Se abre algo porque se siente necesidad de ver o de pasar. Mirar ‘hacia otro sitio’. Pasar ‘a otro lugar’. Se asume también riesgo ante la página abierta. Y si la página es virtual se siente uno especialmente más inseguro.

Naciste, como yo, en el mundo. Y te adaptaste a ese mundo. No había otra forma de nacer. En el ‘medio natural’ donde viviste tus primeros años, primeras sensaciones. Y primeras contradicciones, dudas. Pero también, primeros afectos. Entonces no eras virtual, ni necesitabas serlo. Te bastaba jugar soñando. Eras algo que ‘pisaba tierra’. Una cosa entre las cosas, que descubre la ‘naturalidad’ de la naturaleza.

Me alegra poder escribir el texto de bienvenida a este sitio oficial de la UCM. Supone para mí ver cómo se han ido consolidando proyectos consecutivos, no siempre encadenados. Sueños críticos, pretendidamente responsables, con origen en el año 1975.

Dialogando con las cosas fui aprendiendo el lenguaje de las cosas. Lenguaje que no siempre daba sentido al discurso académico-institucional. La ‘cultura oficial’. Esas mis cotidianas cosas, atrapadas en mis sueños, a las que poco a poco iba proclamando autónomas. Una vez ‘demostrada su inocencia’. Una vez que iba asumiendo el proceso de ‘contaminación’, que llamamos ‘educar’ y ‘aprender’.

Mi saludo de bienvenida ha de ser necesariamente literario. Hablando de lo que creo saber estoy hablando de aquello que desconozco. Confesando públicamente mi ignorancia. En aparente silencio. Porque, a estas alturas de mi vida intelectual y profesional, confío más en los textos por narrar y escribir, sin soporte reconocible. Desconfío de aquellos otros que circulan como excluyente legitimidad discursiva. Confío más en el discurso de la vida cotidiana. Pero también en los sub-discursos de las diferentes opciones a nuestro alcance. Textos por narrar y escribir. Y en las aventuras por tener, en las experiencias a disfrutar.

Sería un error pretender contar mi historia de vida académica e intelectual de los últimos cuarenta años prescindiendo de la huella que, a lo largo de todo este tiempo, han dejado en mi (rectificando mi proyecto originario de historia) las historias cómplices que he compartido. Por acción u omisión. La historia vivida, como registrada, de cada uno en particular. Más bien creyendo que lo nuevo ya estaba en mí, cuando aquello que me iba haciendo fuerte siempre formó parte de mi entorno, girando a mi alrededor. Eso que se considera ‘vida universitaria’. Pública o privada.

Sé que ahora soy lo que soy, porque ‘fueron’ mis alumnos. Sé que no he sido sin mis alumnos, ni mis lectores. Y cuantos me conocen y creo conocer. Sin mi lucha por defender lo que considero prioritario: que en cualquier edad, en cualquier momento, es necesario arriesgarse y pensar por uno mismo, desaprendiendo, cuando convenga, lo impuesto. Sin pedir permiso a nadie. Y si hemos de hablar de ‘desarrollo’ para dar el nombre que corresponde a la cultura de nuestro tiempo, habrá que hacerlo sin olvidar que el progreso es ‘progreso humano’. En la naturaleza y en su historia, que es su renovada cultura. Nunca una ‘fuerza del pasado’ a combatir y eliminar. Siempre a reconvertir, en diálogo de igualdad con ella.

(...)

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