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Recitar a Rubén Darío

Pepe Martín habla sobre la obra del escritor nicaragüense

5 SEP 2016 - 13:19 CET

La aparente facilidad de la poesía de Rubén Darío es engañosa. Si uno se queda con la belleza de las imágenes, con las rimas casi siempre consonantes, con sus imaginativas metáforas, se pierde el sentido último de la mayoría de sus poemas.

Además, ha habido en España una moda ya pasada de recitar a Rubén solo desde su sonoridad hueca. Los llamados en su momento rapsodas lo tenían como estrella de sus recitales. Yo mismo recuerdo haberlos visto y oído. Esa salmodia más o menos enfática consiguió devaluar al propio poeta.

Cuando por primera vez tuve ocasión de trabajar los poemas de Rubén Darío fui descubriendo un rico mundo interior de una sensibilidad especial, nada complaciente con ese mundo de palabras y de imágenes brillantes que le sirven para que, como escribió en su momento, su poesía llegue a ser “de muchedumbres”.

Como lo que me gusta es desentrañar los textos que tengo en las manos, al estudiar sus poemas fui descubriendo lo que hay dentro del bello y sonoro envoltorio. Por ejemplo, en “Canción de otoño en primavera” la repetición de “juventud, divino tesoro/ ya te vas para no volver...” es sobre todo un canto al tiempo inexorable que nos va devorando.

“Lo fatal”, un poema crepuscular, sería el mejor exponente de la simbiosis entre forma y fondo.

Pepe Martín. Actor

Recital: https://youtu.be/xPSDEVI4Nzk

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