Noticias - Cursos del Escorial. 30 aniversario.

El pasadizo que sortea atroces vientos y gélidas temperaturas

Visita inédita dirigida por Pilar Benito a la Mina y al Palacio de los Borbones del Monasterio

12 JUL 2016 - 20:33 CET

Javier Picos / Fotos: Nacho Calonge

El sol de verano calienta el granito del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Calor. Pero luego llega el señor invierno y el pueblo serrano se vacía de gente y jolgorio. El clima en los meses de diciembre, enero, febrero y marzo es extremadamente cruel en la Lonja del Monasterio. Allí las rachas de viento y la gélida temperatura impiden el paseo por uno de los espacios más emblemáticos de la Comunidad de Madrid.

La solución para sortear al invierno en el tránsito del pueblo al monumental edificio mandado construir por Felipe II se encuentra en una humilde puerta en la empinada calle Grimaldi, enfrente de la puerta de acceso turístico al Monasterio. Ahí, en la Segunda Casa de Oficios, comienza un pequeño pasadizo, construido en 1770 por el padre Pontones, que discurre por debajo de la Lonja.

Pilar Benito, jefe de Servicio de Conservación del Patrimonio Nacional, explica que este túnel se excavó con esa finalidad porque antes los inviernos eran más duros, la Lonja se helaba, soplaba un viento “atroz” y era “muy complicado” entrar al Monasterio. Parece algo del pasado, pero hace un par de años, Patrimonio Nacional “estuvo tentado de reabrirlo para que accedieran al Monasterio sus trabajadores por un importante temporal”.

Los 40 alumnos del curso El arte de corte en el reinado de Carlos III, que dirige Pilar Benito, y algunos periodistas empotrados tienen el privilegio de recorrer un pasadizo que está cerrado al público. Entre telarañas y humedades, el grupo comprueba cómo pasan por debajo de los pies de los turistas que no tienen ni la más remota idea de lo que está ocurriendo en el subsuelo.

Conocida como La Mina, La Cantina o Cueva de Montalvo, esta galería subterránea, no conecta con el Coliseo Carlos III, el teatro, como muchos gurriatos creen.

Los alumnos e invitados del seminario llegan, franqueando otra puerta que pasa inadvertida, a la entrada anexa a la del Patio de Coches del Monasterio –la de acceso turístico- y aprovechan los conocimientos de Pilar Benito y su colega Javier Jordán para realizar una visita al Palacio de los Borbones, uno de los lugares más destacados del Monasterio.

Tras subir por la escalera proyectada por Juan de Villanueva en el año 1797, los visitantes se sorprenden por los tapices costumbristas y reales que jalonan las paredes. Pilar Benito dirige la atención sobre el comedor de gala donde se encuentran unidos tres tapices: El baile a orillas del Manzanares, sobre cartón de Goya, Baile junto al puente en el Canal de Manzanares y El paseo de las Delicias, de los hermanos Bayeu. En este conjunto se notan las urdimbres nuevas para “encañonar” (unir) los tapices.

También el vestíbulo resulta de interés por las obras inspiradas en los pintores Teniers y Wouwerman, y la sala de Goya, por la presencia de tapices que versionan cartones del genial pintor aragonés, que se conservan en el Museo del Prado. Aquí está La Cometa, que tiene su “sosias” en la Embajada de España en París. El Oratorio de la Reina, la Sala de la Reina –con el tapiz de ampuloso título Neptuno junto a la ninfa Calipso apaciguando la tempestad-, el Salón Pompeyano, la Sala de Música, el Salón de Costura -que conserva su tapicería original-, el Salón de Recepción -con mobiliario neogótico construido por Ángel Maeso en 1832- son otras de las estancias que admiran los alumnos del curso dirigido por Pilar Benito.

Todos coinciden, bajando la escalera de Villanueva, y abandonando el Palacio que modificó Carlos III en el Monasterio al que se desplazaba la Familia Real en otoño para cazar, que esta escapada no va a caer en el olvido. 

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