Publicado el 04/07/2013 a las 13:58 horas
Otra lección magistral de Antonio López
Aunque sea a regañadientes, el pintor manchego afirmó que terminará el retrato de gran formato que incluye al Rey, la Reina, el Príncipe de Asturias y las infantas Elena y Cristina. “El cuadro va bien, en ello estoy, pero no hay plazo porque me cuesta mucho. He dado ya muchos plazos, ya no doy más. Lo que quiero es que quede bien. Hay trabajos que cuesta hacer más que otros”, dijo el artista en los Cursos de Verano de San Lorenzo de El Escorial, en donde mantuvo un diálogo con los alumnos del curso “La materia pictórica: técnica y lenguaje”.
Recién llegado de Japón, en donde inauguró en Nagasaki una retrospectiva de 64 de sus obras, entre pinturas, esculturas y dibujos, Antonio López, recordó que las fotografías de los miembros de la Familia Real las hizo en 1992, pero su visión de los modelos ha cambiado, “aunque las fotografías, no. En mi visión actual influyen las noticias sobre la Familia Real, todo influye; pero yo los aprecio mucho. A todo el mundo le pasan cosas”. Sobre el retraso de una obra que le fue encargada hace 17 años, dijo que para él, una obra es una historia viva, si te interesa la mantienes; si no, la sueltas y la retomas cuando el cuadro te lo reclame. Pintar es como mantener una relación personal, íntima, si está viva sigues; si no, la dejas. Lo que pasa con este cuadro es que no lo puedo dejar porque ya me lo han pagado, si no lo dejaría y quedaría inacabado como tantas novelas”. Recordó que García Márquez empezó “Cien años de soledad” demasiado pronto y comprobó que su historia lo rebasaba. Tuvo que esperar varios años para poder seguir con ella. “Las relaciones humanas –añadió- se acaban, las personas se mueren y nunca pasa nada. Ése es el trato que establezco con mis obras, de esta manera resultan más puras, más diáfanas y más valientes”. El retrato de la familia Real, de 3,40 metros de longitud por tres metros de altura, se encuentra ahora en el Palacio Real, en una sala contigua a la Capilla Real, hasta donde fue trasladada desde el domicilio del pintor en el distrito de Chamartín.
El viaje a Japón lo ha fatigado mucho y “aunque en todos los viajes hay hermosos regalos, personas que se te acercaban, edificios que te conmueven y el sentimiento que gravitó sobre nosotros en Nagasaki sabiendo lo que allí había pasado, tengo cierta hartura. Tengo necesidad de centrarme en el trabajo. Ahora entiendo eso de que le mundo es enemigo del alma. Lo es cuando no lo sabes manejar bien. Esta época es excesiva, lo mismo te caen merengues que te caen piedras; pero me cansa”.