Publicado el 12/07/2013 a las 13:50 horas
El diputado socialista habló sobre la represión franquista
Antes de clausurar el curso “La represión franquista y la cultura punitiva (1936-1948), el diputado socialista se refirió a la estrategia secesionista de Artur Mas como “movimiento insurreccional de dirigentes de CiU” y desautorizó tanto un pacto fiscal como las últimas propuestas de ordinalidad alegando que “si un Estado es realmente un Estado, no hay fronteras para lo fiscal, no tiene sentido hablar de balanzas fiscales dentro de un mismo Estado y, por lo tanto, no hay límites para la solidaridad”. Sobre el veto del grupo popular en el Congreso a la comparecencia de Rajoy para dar explicaciones sobre el asunto Bárcenas dijo el político socialista que “esa actitud no sólo es un desprecio a los españoles, sino también a la inteligencia. Para no acudir se puede argumentar noblemente que todavía no hay datos, o cualquier otra explicación dentro de los límites de la elegancia; pero el portavoz popular se ha dedicado a insultar a todos los partidos. Es Rajoy el que es un rehén de Bárcenas. Debería haber dimitido porque ha engañado a los españoles”.
En su intervención en la clausura del curso sobre la represión franquista entre 1936 y 1948, Guerra animó a seguir investigando aquellos años porque nunca lo sabemos todo. “Los herederos de los vencedores tienen miedo a que se sepa la verdad de aquella posguerra, los conservadores españoles se niegan a asumir su historia, argumentan que nacieron en Cánovas y de ahí a la democracia, saltándose 40 años. Pero no sólo ellos, también los vencidos fueron reacios a hablar de aquello a sus hijos para evitarles la represión y el dolor. Ahora –continuó- hay lo que llamo el dolor diferido de los nietos, que quieren saber lo que sus abuelos no contaron a sus padres”. El diputado socialista dijo que cuando se acaba una guerra, llega la paz, pero que no fue ése el caso de la Guerra Civil española, “en España –dijo- la guerra continuó después de la victoria, se mantuvieron 140 campos de concentración, hubo miles de farsas de juicios sumarísimos por “ayuda a la rebelión”, es decir que se acusaba de rebelión a los que habían sido leales al gobierno legítimo. Terminada la guerra hubo centenares de miles de exiliados, el 80% de los catedráticos y once rectores tuvieron que exiliarse y se les perseguía incluso allí. El ministro de Asuntos Exteriores de Franco, que era su cuñado, viajó a Alemania nazi para que la Gestapo detuviera a los españoles refugiados en Francia, así fusilaron a Companys o a Zugazagoitia, Azaña sólo se libró porque murió 48 horas antes de que la Gestapo lo detuviera en Montauban. El embajador español Lequerica había organizado su secuestro con la complicidad de la Gestapo. Años después de terminada la guerra se fusilaba a los vencidos, se purgaba a los maestros, se quemaban libros” dijo Guerra, que recordó que los puestos de los purgados de la Universidad los ocupaban “falangistas que sacaban sus oposiciones poniendo la pistola sobre la mesa del tribunal”.
Según Alfonso Guerra, las consecuencias de la represión fueron la creación de una sociedad desterrada en el exterior o en el interior, éste último destierro era peor, porque la española era una sociedad callada en la que el grito de la bestia dominaba sobre el humanismo: Abajo la inteligencia, viva la muerte. Era una sociedad de muerte e ignorancia. Pero tenía, además de un lado cruel, otro grotesco. Yo nací un año después de terminada la guerra –recordó-, pero mi infancia y juventud estuvieron marcadas por la guerra. Mi primera multa administrativa fue en mi adolescencia por dar un beso, me multaron con 25 pesetas. Mi primera ficha policial fue por dirigir Eurídice, una obra de teatro de Jean Anouilh, mi primera detención fue por llevar una obra del romano Salustio, La conjura de Catilina”.