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Autor: Rosa María Urbanos Garrido
Título: Evolución de la desigualdad de acceso y utilización en la Sanidad Pública española (1987-1993): una aproximación a la equidad a partir de las encuestas de salud
Resumen:
Septiembre 1996
1. Objetivos.
Los objetivos del presente trabajo pueden resumirse en los
siguientes: en primer lugar, pretendemos aproximarnos, para el caso español, a las
desigualdades en salud por grupos socioeconómicos y regiones, estudiando su evolución
entre los años 1987 y 1993. Posteriormente, se observará la evolución de la desigualdad
personal y territorial en el acceso y utilización de los servicios sanitarios públicos
ante situaciones similares de necesidad. En este análisis se hará distinción entre los
principales niveles de asistencia -asistencia primaria y especializada-. En última
instancia, a través de los resultados podremos examinar hasta qué punto se da
cumplimiento a los principios generales establecidos en la Ley General de Sanidad
(L.G.S.), especialmente en cuanto a la reducción en las desigualdades de salud y de
oportunidades de acceso se refiere.
2. Material.
El período de análisis viene directamente determinado por la base de datos empleada en el estudio, que corresponde a las dos únicas Encuestas de Salud a nivel nacional que han sido elaboradas en nuestro país hasta el momento.
Las Encuestas Nacionales de Salud (E.N.S.) ofrecen información sobre las características médicas y socioeconómicas de los ciudadanos, así como sobre sus hábitos de vida y su comportamiento ante los servicios sanitarios. La muestra que ofrecen se compone de más de 20.000 cuestionarios en cada una de ellas para la población mayor de 16 años, que ha sido la única población estudiada en este trabajo. En términos regionales, se ha excluido a los individuos residentes en Ceuta y Melilla, con el objeto de homogeneizar la muestra de las dos Encuestas.
Los años de referencia son, como se ha citado, 1987 y 1993, y
cubren por lo tanto la mayor parte de la década que sigue a la entrada en vigor de la
L.G.S. En consecuencia, los resultados derivados de las Encuestas pueden actuar como
indicador del impacto que la reorganización del sector sanitario ha ocasionado en este
último período.
3. Método.
Para estudiar la evolución de las desigualdades en salud se han
seleccionado cuatro variables "clásicas" de necesidad, empleadas en otros
trabajos: la autovaloración del estado de salud, la presencia de alguna dolencia que
obligue a limitar la actividad principal durante las dos semanas previas a la encuesta, la
permanencia en cama por motivos de salud durante más de medio día -como indicador de
enfermedad aguda- y, por último, la existencia de enfermedad/es crónica/s. Será
precisamente a partir de estas variables como construiremos situaciones de necesidad
similares.
Para realizar el estudio desde la doble perspectiva personal y
territorial se han seleccionado, de entre las diferentes alternativas, la variable clase
social para el enfoque personal, empleando para ello los indicadores aparecidos en cada
Encuesta, y la variable región para la óptica territorial.
Como indicadores de acceso se emplean: tiempo de llegada a consulta
de atención primaria, tiempo de llegada a consulta de atención especializada, tiempo de
espera previo a un ingreso hospitalario ordinario y las respuestas a la pregunta
"¿ha consultado al médico en las dos últimas semanas por algún problema, molestia
o enfermedad?". Esta última información, que refleja en parte el consumo de los
servicios sanitarios, se ha empleado además en este trabajo como indicador del acceso
efectivo a la red sanitaria pública. Se ha entendido que, en buena parte, esta variable
recoge, aparte de las preferencias diferenciales de los potenciales consumidores -que
determinan la decisión de acudir o no a la consulta-, las dificultades en el acceso
atribuibles al Sistema Nacional de Salud en cuanto, por ejemplo, a la localización de los
puntos de atención o a la información ofrecida a los ciudadanos.
Para completar los objetivos del trabajo se han escogido dos
variables aproximativas de la utilización: la ya citada "consulta efectuada en las
dos últimas semanas" y el número de días de ingreso en la última hospitalización
que haya tenido lugar en los 12 meses anteriores a la entrevista. Con el fin de estudiar
el acceso y la utilización referidos a los servicios públicos, se seleccionó la muestra
de aquellos individuos que acuden a los distintos puntos de atención de la red sanitaria
pública.
Para evitar los sesgos en los resultados debidos a la distinta
composición por sexo y edad de cada una de las clases sociales o regiones consideradas,
se han tenido en cuenta dichas características de los individuos. Las categorías de edad
en que se ha dividido la población han sido las siguientes: de 16 a 44 años, de 45 a 64,
y de 65 años o más.
Llegados a este punto, se ha de señalar que todas las variables
empleadas -que han sido consideradas en este estudio como las más representativas-
constituyen simples indicadores para analizar los objetivos propuestos. Las Encuestas de
Salud ofrecen otro tipo de información potencialmente empleable en trabajos de estas
características.
4. Resultados.,
4.1. Resultados de la E.N.S. 1987.
Comenzamos observando cómo se distribuye la necesidad, desde el
doble enfoque personal y territorial. En cuanto a la distribución de la enfermedad por
clases sociales, las variables analizadas apuntan, en la mayor parte de los casos, hacia
una desigualdad en la salud desfavorable para las clases media-baja y baja. Los menores
porcentajes de enfermos corresponden a las clases media-alta y media, registrando los
individuos de mejor posición social niveles de necesidad más cercanos a los de la
población de menos recursos. Las mayores diferencias entre grupos se observan con
respecto al estatus medio-alto, al que corresponden en la mayoría de ocasiones
porcentajes notablemente inferiores al resto.
Por regiones, Canarias destaca por ser la Comunidad Autónoma peor
situada para el conjunto de las variables de necesidad observadas, seguida, con un
comportamiento algo menos acentuado, por País Vasco, Murcia, Baleares y Andalucía.
Asturias, La Rioja, Aragón y Cantabria registran, por el contrario, las menores tasas de
enfermedad. Por su parte, el resto de Comunidades Autónomas (CC.AA.), dependiendo de la
variable que se tome de referencia, se sitúan en una u otra posición, sin colocarse en
los extremos de la escala de manera sistemática.
Como se observa, se pueden apreciar claras diferencias -aunque no
espectaculares- entre la zona norte de la Península -con los resultados más favorables,
a excepción del País Vasco- y la zona este y sur del país.
A continuación se comentarán los resultados obtenidos con respecto
a las variables aproximativas del acceso a los servicios públicos de salud.
En cuanto al acceso a la consulta de Atención Primaria, se
estudiarán, en primer lugar, las diferencias en los tiempos de llegada a los puntos de
asistencia. Sin embargo, no hay que dejar de destacar que sólo conocemos el tiempo que
tarda aquél que se decide a consultar, por lo que no sabemos con exactitud cuál es el
efecto disuasorio de la localización de los centros. Lo que sí podremos observar más
adelante es si las mayores tasas de utilización se corresponden con las zonas de mayor
concentración de servicios.
La media de tiempo que un individuo emplea en llegar al centro
sanitario de Atención Primaria se sitúa en torno a los 18 minutos. Para este año, son
los individuos de la clase alta quienes más tardan desde su domicilio a la consulta
(24,58 minutos), seguidos de los integrantes de los estratos sociales inferiores. La media
menor corresponde a la clase media, con 16,18 minutos.
Por CC.AA., los mayores valores corresponden a Canarias (22,31 ms.),
Baleares (20,47 ms.), y Cantabria (19,47 ms.) -únicas regiones que, junto con Galicia,
superan la media nacional-, mientras que Aragón, Navarra y País Vasco registran los
menores tiempos medios (12,67, 13,18 y 15,46 ms. respectivamente). Por lo tanto, no
parecen existir desigualdades especialmente significativas en cuanto al tiempo de acceso a
las consultas públicas de Atención Primaria, ni desde la perspectiva territorial, ni
desde el ángulo personal.
Refiriéndonos al acceso a la Atención Especializada pública, la
media -que se sitúa ahora en 35 minutos- es notablemente superior, como era de esperar, a
la que se registraba en los niveles inferiores de asistencia. En los estratos sociales
más bajos el tiempo medio de acceso supera la media nacional, y de nuevo son las clases
media-alta y media las que resultan ligeramente favorecidas. Si consideramos las distintas
regiones, Cantabria, Navarra, Castilla-La Mancha y Murcia sobrepasan en mayor medida la
media global, mientras que Asturias, Canarias y Extremadura se sitúan significativamente
por debajo de ese valor.
La única Comunidad Autónoma que supera la media en los dos niveles
de asistencia es Cantabria. Por su parte, Asturias, Extremadura, Madrid, País Vasco y La
Rioja aparecen en ambos casos con tiempos relativamente más bajos. Por otro lado,
Canarias, Extremadura y Asturias registran tiempos medios absolutos mayores en Atención
Primaria que en Especializada. Es probable que el tamaño de la muestra empleada en la
obtención de los resultados -muy pequeño para las últimas regiones citadas- no sea
representativo de la situación real.
En tercer lugar se analizó la variable "número de días
transcurridos desde la petición de ingreso hasta el ingreso efectivo en instituciones
hospitalarias". Para observar las diferencias en las listas de espera se dividió a
la población en dos estados de necesidad similares, según que los individuos declarasen
disfrutar de un buen o mal estado de salud general. A pesar de que, inicialmente, se
estudiaron los resultados correspondientes a las otras categorías de necesidad
especificadas en el trabajo, manteniendo la división por grupos de edad, finalmente se
descartó su utilización puesto que el número de observaciones de que se disponía en
cada uno de esos grupos resultaba insuficiente. En consecuencia, los datos mostraban una
elevada dispersión, sin que fuera posible extraer conclusiones de interés.
En cualquier caso, es necesario señalar que un análisis preciso de
las listas de espera requeriría el empleo de categorías de necesidad más sofisticadas
que la autovaloración del estado de salud, en las que se incorporaran variables tales
como el tipo de patología, el grado de severidad, y otro tipo de circunstacias personales
y familiares de los pacientes. Sin embargo, la información suministrada por las E.N.S. no
permite realizar un análisis de estas características.
Tras estas consideraciones, podemos señalar que el tiempo medio de
espera de los pacientes con respecto a los ingresos hospitalarios se sitúa en torno a los
85 días para quienes declaran que su estado de salud es bueno en términos generales, y
en torno a los 67 para los enfermos de mayor necesidad. Por otro lado, aparecen
diferencias remarcables entre clases sociales y también entre CC.AA. La clase media
aparece como la peor situada con valores muy superiores a los datos indicados, para los
dos estados de necesidad. Las listas de espera tampoco favorecen a los pertenecientes a la
clase trabajadora, aunque la distancia a la media global no es tan elevada. Por debajo de
esa media aparecen el estrato social medio-bajo y el medio-alto, este último muy
distanciado del resto, con 21 días de espera media para el menor grado de necesidad, y 30
días para el mayor.
Por regiones, los datos de la Encuesta señalan a Castilla-La Mancha
y Cantabria como las Comunidades que, para los dos estados de necesidad, ofrecen listas de
espera relativamente cortas. Por su parte, Navarra y Andalucía también se sitúan por
debajo de las medias apuntadas. Sin embargo, Madrid, Baleares y Galicia registran valores
superiores en los casos analizados.
En 7 de las 17 CC.AA. -Canarias, C. Valenciana, Extremadura,
Galicia, Madrid, País Vasco y La Rioja- el tiempo medio de espera es inferior para
quienes padecen menor necesidad -tal y como ha sido definida-, y en la mayor parte de los
casos con diferencias notables. En las clases sociales media-alta y media también se
observa este hecho, aunque con mínimas diferencias entre valores.
En el apartado 3 del trabajo se hizo alusión a la "consulta al
médico en las 2 últimas semanas" como doble indicador del acceso efectivo y la
utilización de servicios. Por un lado, el comentario de los resultados nos permitirá
apreciar la desigualdad en la demanda de atención sanitaria decidida por el individuo y,
por otro, indicará las diferencias en la demanda inducida por el profesional médico.
En este caso, se emplean 8 grupos de necesidad similar, con
consideración de la edad y el sexo de los encuestados.
Para este año 1987, las tablas reflejan comportamientos distintos
por clases sociales según se trate de una variable de necesidad u otra. De cualquier
modo, se observa un cierto sesgo a favor de un consumo/acceso efectivo más intensivo en
la parte inferior de la escala social, y más acentuado en las situaciones de
"necesidad leve". Los individuos de la clase alta son quienes utilizan en menor
medida, como era de esperar, los servicios públicos, puesto que disponen de mayores
medios para realizar este consumo en el sector privado.
El mayor porcentaje de consultas a igual necesidad corresponde, a
nivel territorial, a Murcia, Valencia, Cataluña, Andalucía, Madrid y Baleares. Los
índices menores de consumo aparecen asociados a Canarias, Asturias, Navarra y Cantabria.
Las diferencias en los tiempos de acceso a consulta comentadas anteriormente no parecían
suficientemente significativas como para determinar grandes variaciones en el consumo. Tan
sólo en Cantabria y en Madrid se observa una cierta correspondencia entre dichos tiempos
y la media de acceso efectivo.
Con el fin de estudiar la intensidad en el consumo de servicios
hospitalarios públicos, se escogió, como ya se mencionó, el número de días que los
pacientes permanecen ingresados en el hospital -estancias medias-. De las categorías de
necesidad similar se excluyeron, en este caso, las situaciones de necesidad leve, para
poder contar así con muestras más significativas. De nuevo se prescinde en esta
ocasión, y por la misma razón, de la edad y el sexo del entrevistado, por lo que es
probable que exista un sesgo en los resultados por clases sociales y CC.AA.
La distribución de estancias medias varía por clases sociales para
todos los estados de necesidad considerados. Los individuos de clase alta, media-alta y
media-baja son, por este orden, quienes menor número de días permanecen ingresados, con
valores inferiores a las medias globales. Por encima se sitúan los estratos medio y bajo,
con leves diferencias entre ellos.
La Rioja, Valencia, Madrid y Castilla-La Mancha se encuentran a la
cabeza en cuanto a mayor número de días de ingreso, mientras que Extremadura, Cataluña,
Castilla-León, Asturias, Andalucía y Navarra registran, para todos los estados de
necesidad similar, estancias inferiores a la media. En aproximadamente la mitad de las
CC.AA. existe correspondencia entre listas de espera relativamente cortas y estancias
bajas, y viceversa, para el indicador "estado de salud malo" -única variable
común al estudio de acceso y utilización de servicios hospitalarios-.
4.2. Resultados de la E.N.S. 1993.
Si comenzamos por observar la evolución de la necesidad, los resultados apuntan hacia una evolución general positiva por lo que se refiere a las variables "autovaloración del estado de salud" y "enfermedad crónica", y un ligero incremento en los otros dos indicadores. En cuanto a la distribución por clases sociales, la clase trabajadora, seguida de la media-baja, continúa en 1993 con las mayores proporciones de enfermos para todos los índices de necesidad.
Sin embargo, se aprecia un incremento global apreciable en la
necesidad padecida por quienes pertenecen a la parte alta de la escala social. Por su
parte, los integrantes de las clases media y media-baja registran descensos en la
incidencia de la enfermedad, al contrario de lo que sucede en la clase social más
desfavorecida. Dependiendo del indicador de necesidad al que nos refiramos, la diferencia
entre clases se acentúa o reduce.
Por CC.AA., Canarias continúa en la peor posición con respecto al
resto de regiones españolas, seguida por Andalucía, Baleares -que también repiten como
Comunidades relativamente más afectadas-, Madrid y La Rioja. En este último caso, se
registra un incremento muy importante en cuanto a los niveles de necesidad se refiere, si
se tiene en cuenta que en el año 87 La Rioja era la provincia mejor situada a nivel
nacional. En 1993, Navarra, Castilla-La Mancha, Cantabria, Asturias, Cataluña y Aragón
-de nuevo y mayoritariamente la zona norte peninsular- destacan entre las regiones con
niveles de necesidad menores. Por su parte, Castilla-La Mancha, Murcia y País Vasco
mejoran su posición para todos los indicadores empleados.
Cuando se calculan los tiempos de acceso a la consulta de Atención
Primaria, se obtiene una media de 15 minutos, lo que supone una leve reducción con
respecto al año 1987. Esta reducción es prácticamente generalizada para clases sociales
y CC.AA., excepto para la clase media y para Galicia y Murcia -con los mayores valores
medios- en el ámbito territorial. Navarra, Baleares, Aragón y País Vasco obtienen las
medias más bajas. En cualquier caso, las diferencias entre grupos sociales y regiones
continúan sin ser destacables.
El tiempo medio de acceso a la Atención Especializada pública se
reduce mínimamente con respecto a 1987. De nuevo, los mayores valores se concentran en
los tramos más bajos de la distribución de la renta.
País Vasco, Baleares y Navarra repiten su situación favorable en
cuanto al tiempo de llegada a los centros sanitarios, por detrás de La Rioja. Andalucía
y Galicia se sitúan en el otro extremo, con las mayores diferencias por encima de la
media. Entre las regiones que han registrado descensos se encuentran Cantabria -con uno de
los valores más pequeños para 1993-, Castilla-La Mancha, Castilla-León, Cataluña,
Valencia y País Vasco. Por su parte, y entre otras, Andalucía, Extremadura, Madrid y
Galicia se han visto afectadas por elevaciones en su media correspondiente.
A diferencia de los casos anteriores, cuando observamos la
evolución de las listas de espera hospitalarias debemos señalar un incremento con
respecto a 1987 en el tiempo que los pacientes esperan para ser ingresados. En la
categoría de necesidad "leve" se produce un aumento de algo más de 15 días,
mientras que para quienes declaran tener un estado de salud malo o muy malo la media se
eleva en casi 25 días.
Es destacable para este año el aumento relativo sufrido por la
clase media-baja, y la mejora correspondiente a la clase media. De cualquier modo, se
siguen produciendo diferencias significativas entre estratos sociales, en favor de los
individuos de mejor posición en la escala social -para los dos niveles de necesidad
especificados-.
Desde el punto de vista territorial, Andalucía y Cantabria han
sufrido elevaciones en la espera media para ambos estados de necesidad. En la situación
inversa se hallan Cataluña, País Vasco y La Rioja. En el año 93 Madrid, Comunidad
Valenciana y Andalucía registraban las mayores dificultades de acceso a la asistencia
hospitalaria. Por su parte, las listas de espera más cortas correspondían a La Rioja,
Asturias, Aragón y País Vasco.
Cuando se analiza la evolución entre 1987 y 1993 de la
"consulta al médico en las dos semanas previas a la encuesta" se constata, en
líneas generales, un incremento del consumo global de servicios sanitarios en la mayor
parte de categorías de necesidad, sexo, edad y clase social. En este último año se
mantiene aproximadamente constante la pauta observada en el 87 por lo que a la
distribución del consumo entre clases sociales se refiere. Se aprecia, sin embargo, un
ligero incremento en el consumo relativo de la clase alta, aunque no especialmente
importante.
La mayor proporción de consultas ante niveles similares de
necesidad corresponde a Andalucía, Aragón, Extremadura y Baleares. Murcia y Madrid
continúan entre las regiones más consumidoras. Por otro lado, Navarra, Asturias y
Canarias también aparecen en 1993 como las CC.AA. de menor consumo relativo.
Por lo que se refiere al último de los indicadores de utilización
-número de días de ingreso en instituciones hospitalarias-, hay que señalar una
evolución a la baja para todas las variables de necesidad observadas. Por clases
sociales, los estratos medio e inferiores siguen este descenso general, al contrario de lo
que sucede en las clases alta y media-alta. Esta última llega a colocarse en segundo
lugar en cuanto mayor estancia media, por detrás del estrato de renta más bajo.
Las regiones que sobrepasan la media de días de hospitalización en
mayor medida son: Asturias, Cantabria, Madrid y Castilla-La Mancha. Estas dos últimas
mantienen el mismo comportamiento de 1987. Entre las Comunidades que se sitúan por debajo
de los niveles medios destacan Extremadura, Baleares, País Vasco, Murcia y Cataluña. La
Comunidad Valenciana y La Rioja también aparecerían en este segundo bloque, con un
descenso espectacular con respecto a 1987 -probablemente poco significativo debido al
escaso número de observaciones que componían la muestra-.
5. Conclusiones.
1. El estudio de la distribución de la necesidad pone de manifiesto
las desigualdades entre clases sociales y regiones. Desde la óptica personal, hay que
señalar una cierta concentración de la necesidad en los tramos inferiores de la escala
social. Por CC.AA. se aprecian diferencias notables entre la zona norte peninsular y la
zona sur. Esta última, junto con Levante, aparecen como las regiones más afectadas por
la enfermedad. La evolución entre 1987 y 1993 varía en función de la variable de
necesidad analizada.
2. Las diferencias personales y territoriales en los tiempos de
llegada a consulta -tanto de Atención Primaria como Especializada- son prácticamente
insignificantes, por lo que no parecen existir problemas de localización de los centros
de atención sanitaria pública. Además, no se observa una relación directa entre el
tiempo medio de acceso y el porcentaje de consultas efectivas ante situaciones de
necesidad similar. Entre 1987 y 1993 se produce un descenso muy leve de los tiempos
medios.
Sin embargo, no ocurre lo mismo con las listas de espera
hospitalarias -cuyas medias aumentan entre los dos años-, y en las que se aprecian
diferencias destacables entre clases sociales -a favor de los individuos de mejor
posición social- tanto en 1987 como en 1993. No obstante, se observa una reducción de
las diferencias interpersonales para 1993. También aparecen variaciones de importancia
entre CC.AA., destacando como ejemplo de listas de espera más largas la Comunidad de
Madrid.
En consecuencia, aunque podríamos concluir cierta garantía de
equidad de acceso a la asistencia médica en Consultorios, Centros de Salud, Ambulatorios,
etc., no parece que este comentario sea extensible a la atención hospitalaria pública.
3. El consumo de servicios no hospitalarios ante situaciones de
necesidad similar resulta ser más intensivo para las clases sociales más desfavorecidas,
tanto en 1987 como en 1993. Se observa un incremento generalizado del consumo entre los
dos años, aunque no hay alteraciones sensibles en las pautas de distribución personal ni
territorial.
Por lo que respecta al número de días de duración del ingreso
hospitalario, los datos para el año 87 reflejan ingresos más prolongados en los estratos
sociales más bajos. Las diferencias entre clases se reducen en 1993. También se
constatan disminuciones de las estancias medias entre uno y otro año que, sin embargo, no
se traducen en listas de espera menores.
4. En este trabajo se han empleado indicadores de necesidad
extraídos de las Encuestas Nacionales de Salud. La principal limitación en la
interpretación de los resultados tiene su origen, precisamente, en la selección de
dichos indicadores. Como se comentó en el texto, una estandarización más precisa por
niveles de necesidad exigiría conocer las patologías que afectan a los individuos y su
grado de severidad, combinados con variables de tipo personal y familar. Sólo de esta
manera sería posible comprobar sin sesgos hasta qué punto nuestro Sistema Nacional de
Salud garantiza el cumplimiento de uno de sus principios generales: la equidad.
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Fecha de actualización: 10/08/98