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La carretera

José Manuel Lucía Megías 24 de Febrero de 2010 a las 01:01 h

"Al despertar en el bosque en medio del frío y la oscuridad nocturnos había alargado la mano para tocar al niño que dormía a su lado...". Con estas palabras comienza la novela "La carretera" de Cormac McCarthy, uno de los novelistas norteamericanos más reconocidos de estos últimos años, cuya novela "No es país para viejos" nos ha regalado uno de esos personajes cinematográficos míticos que permanecerán en la memoria de todos y que han hecho de Javier Bardem una leyenda en vida... como la de tantos otros actores que llenan las páginas de la historia del cine.

 

"La carretera" comienza con un "despertar" en un bosque, en uno de esos lugares propicios para la aventura -como muy sabían los autores de los libros de caballerías, que hacían deambular a sus personajes por las florestas de medio mundo-, y lo hace en un despertar de invierno (el frío), y en un ambiente poco propicio para la tranquilidad: la oscuridad, la noche... un personaje alarga una mano y en el silencio, frío, oscuro, lleno de incertidumbres de la noche, buscará la presencia de un niño que duerme a su lado... la aventura está servida, con la genialidad a la que sólo unos pocos novelistas consiguen alcanzar. Un inicio que ofrece tantas informaciones como preguntas: ¿quién ese personaje que alarga su mano al amanecer? ¿Y el niño que duerme a su lado? ¿Por qué duermen en un bosque? ¿Por qué hacerlo en este invierno de frío que parece descubrirse en los pocos adjetivos utilizados? ¿Están huyendo? ¿Están de viaje? ¿Hacia dónde? ¿Están solos? ¿Son sólo las primeras imágenes que se identifican de las brumas de la noche de un grupo más numeroso, con otros niños durmiendo al lado de mayores que alargan sus manos en busca de una certeza, de comprobar una certeza, de que su presencia sigue siendo una realidad?

 

Y el cortejo de las preguntas y de las dudas se vuelve sombrío y gris a medida que leemos las siguientes líneas de la novela de McCarthy: "Noches más tenebrosas que las tinieblas y cada uno de los días más gris que el día anterior. Como el primer síntoma de un glaucoma frío empañando el mundo. Su mano subía y bajaba al compás de la preciada respiración". Cada uno de los escasos presagios de un ambiente negativo, de una situación contraria (frío, nocturnidad, oscuridad...) ahora adquieren una presencia que no responde a algunas de las preguntas formuladas pero que se multiplican en otras muy diferentes. Y delante parece que se impone un mundo sin esperanza: cada día más gris que el día anterior, cada día más oscuro, más insensible. En esta descripción apocalíptica, en esta descripción de negros y grises, tan sólo aparece una pequeña luz, una esperanza en ese adjetivo casi perdido en la inmensidad de la frase: "preciado", "preciada respiración". Esa mano que se alarga en la oscuridad, que quiere sentir la certidumbre de la presencia del niño es la mano de alguien que le aprecia, que le ama, que le necesita, que no tiene otra finalidad en la vida que protegerlo, que permitirle ver un nuevo día gris, otro día gris.

Cubierta de edición bolsillo e imagen de la película 

En sus más de doscientas páginas, McCarthy ha conseguido en "La carretera" escribir una de las novelas más inquietantes, más interesantes a la que he tenido la oportunidad de acercarme; una novela que camina sobre una carretera que, sin querer del todo aceptarlo, no nos lleva a ningún sitio. Novela inquietante por lo que cuenta y por lo que parece estar contando de verdad. Una novela en un mundo cubierto de cenizas, gris. Una novela en que la supervivencia, del día a día, de la hora a hora, parece haberse convertido en la única finalidad de tantos esfuerzos, de tantos caminos. Una novela en que se han dejado los sentimientos en la cuneta del día a día, y que sólo el miedo del niño y su deseo de ayudar a los demás permite pensar en una esperanza... una esperanza de la que no sabemos si llega o no al final de la misma. Literatura que va más allá de esos folletines llenos de personajes -padre e hijo recorren, casi, en solitario estas páginas-; novela que permite lecturas verticales frente a la horizontalidad de los best-sellers, novela difícil porque no ofrece respuestas sino un verdadero equipaje de preguntas. ¿Dónde nos llevan las carreteras cuando el mundo aparece cubierto por la ceniza gris de la mediocridad, de la oscuridad de los sentimientos, de la banalidad de no ser capaz de ir más allá de lo que (parece) que ven nuestros ojos publicitarios? Novela inquietante, majestuosa, magnífica, "La carretera". Novela difícil, que debemos disfrutar como el buen vino o el buen whisky: paladeando cada una de sus frases.

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